Cuando el contrato de estudios había llegado a su forma física perfecta, me decidí a empezar la búsqueda maldita: un techo donde poder dormir durante mi corta estancia de nueve meses. De nuevo, aconsejo que un futuro estudiante Erasmus no se paralice ni se deprima, puesto que es, sin ninguna duda, lo más complicado de solucionar, además de ser la cuestión que te va a diagnosticar la calvicie a la edad de treinta años, del stress que vas a pasar en el trayecto de dicha búsqueda.
Buscar alojamiento es, por decirlo de alguna forma, el "Eureka" de Arquímedes. Me explico: cuando comiences a buscar alojamiento te darás cuenta de la mayor verdad del universo: la beca Erasmus no da ni para pagar el toilette en Francia.
Pero la historia de la búsqueda es bastante más larga y compleja. Al principio, buscas por aquello esencial y básico: una residencia. Si tienes la misma suerte que yo, tu coordinadora (o coordinador) te dirá, en un momento de inspiración divina, que preguntes en tu universidad, puesto que te deben ayudar en esa búsqueda. Así que así lo hice: me inspiré de valor y le envié un correo (en francés chapurreado, obviamente) al servicio de Organizaciones Internacionales de la universidad de destino, con el fin de pedir su ayuda, su limosna, en plan mendigo.
Y si tienes, de nuevo, la misma suerte que yo, la universidad de destino te contestará al día siguiente, diciéndote que intentará buscarte una plaza en una Residencia especial del servicio Crous. ¿Qué es el servicio Crous en Francia? Pues resulta que el país Galo tiene una serie de residencias públicas para estudiantes que entran dentro de esta organización, a muy bajo coste mensual.
Si volvéis a tener la misma suerte que yo, al día siguiente os llegará un mail de la universidad de destino confirmándoos una plaza en una residencia, por un coste mensual de 120 euros. Una noticia así es parecida al momento en el que Ash Ketchup decide no evolucionar a Pikachu en Raichu en la serie Pokémon: la emoción y las lágrimas de tener por fin la vida solucionada desbordan tus ojos. Ya está: tienes un techo en tu ciudad de destino, durante los nueve meses de estancia, y por un coste muy óptimo. Eres feliz. Ya puedes ir a celebrarlo.
Pero claro, de la ilusión que llevas encima, de la emoción que se desborda por las orejas, empiezas a pensar en cómo decorarás esa habitación en la residencia (sí, fue lo primero que pensé) y para ello necesitas saber cómo es esa habitación. Así que te pones en el maravilloso mundo de Internet, escribes en el mágico buscador del Google el nombre de la residencia asignada junto a la palabra "Toulouse" y aprietas el botón "intro". Ves el primer enlace que Google te muestra: es él. Llevas la flechita de tu ratón hasta allí y aprietas el botón izquierdo. Todo este mágico momento pensando en cómo te quedará un póster de la película Kill Bill (Quentin Tarantino, 2003) encima de la cama o cómo un helecho dará un toque verde a tu habitación, o cómo tu flexo rojo de los ochenta alumbrará tu escritorio, o cómo te quedará una figura de una sevillana encima de la tele de tu cuarto. Estás tan ilusionado formando ya una habitación de ensueño, que no te has dado cuenta de una cosa: has entrado en la web (una web bastante sombría) y has dado con el botón izquierdo en la sección "Photos". Tu vida se acaba de ir al garete, de nuevo.
Todos tus sueños de decorador se acaban de esfumar. Toda tu ilusión y la emoción de tener un techo se han quedado más sombríos que la página web de la residencia. Tu habitación es lo más parecido a una cárcel que has visto nunca. Cuatro paredes que envuelven nueve metros cuadrados, donde incluyen una ventana enana, un escritorio enano, una cama enana con barrotes en el cabezal (a lo "Cuéntame cómo Pasó") y un pequeño lavabo. Sí, lavabo, porque también te enteras en ese mismo momento de que la residencia tiene los toilettes compartidos por piso. Algo que te llena de nuevo de gozo y satisfacción, como al Rey, pero irónicamente hablando. No es lo que más habías deseado en la vida: baños compartidos. Eso significa, por si no os habíais dado cuenta, de que entrarás a unos vestuarios a hacer tus necesidades all days, all nights. Pero eso no es lo único: también te enteras de que en toda la residencia no hay una mísera cocina ni cantina. Sólo tienes una sala de máquinas expendedoras. Por lo tanto, te das cuenta de que tu dieta allí constará de Kit Kats o de comer en bares all days, all nights. Y tampoco es la idea que tienes en mente. No se corresponde en nada, en absoluto.
Empiezas a sentirte como Belatrix (Uma Thurman en Kill Bill), traicionada por el mundo. Tienes ganas de sacarte la katana e ir a asesinar a la chica responsable en la universidad de destino de concederte dicha residencia. Pero te calmas, te resignas y decides buscar críticas sobre dicha residencia. A lo mejor vivir allí no es tan duro.
Y buscas en foros y te encuentras con comentarios como "Tengo miedo al dormir aquí, los cimientos se mueven", y te haces "popó" en los pantalones. Decides buscar en el Youtube, por si alguien ha colgado algún video de alguna fiesta de esa residencia o algo, para animarte. Pero no, sólo encuentras este vídeo:
Esa mujer te ha presentado su habitación, que es igualita a lo que te espera. Te mueres del asco y encima te enteras de que vives a una hora, hora y media del centro caminando. Rodeado de la nada, literalmente. Y, además, escuchas la frase de "recomiendan no dejar nada en las estanterías, puesto que se pueden caer con facilidad. Y en ese cuarto hay dos estanterías: encima del escritorio y encima de tu cabeza. ¡¡No quieres morir en el Erasmus, quieres volver para contar la experiencia a tus familiares y amigos!!
Así que, te vuelves a resignar y decides buscar un piso. También has parado en buscar en otras residencias, puesto que Toulouse, por ejemplo, tiene una barbaridad de residencias para estudiantes. Pero en la mayoría no hay sitio, puesto que ya todo ha sido reservado, o son de carácter privado (costando unos 500 euros mensuales) o son exactamente iguales que la residencia que te habían asignado.
Así que decides empezar a buscar un piso por Internet. Si tu hermano o amigos tuyos lo han conseguido, tú también puedes, piensas. Claro que, no has pensado en dos inconvenientes de nada: debes buscarlo en francés, comunicándote en francés (un handicap importante) y no puedes ir a visitar el piso, puesto que Toulouse no te pilla a la vuelta de la esquina, precisamente.
Tíiiio! que tenía un comment y se me ha borrado así como así... asco!
ResponderEliminarRepito: una amiga mía vivió un par de meses en una resi de la crous, sí que tenía cocina, pero era bastante deprimente así que desde allí buscó piso y todo arreglado, porque encontró un sitio genial (eso sí, más caro, pero con las ayudas de la CAF mucho mejor!!!)
Mucho ánimo con la búsqueda de piso!!!
Voy a leerme tu siguiente post y así me actualizo en tu vida.
Love,
Marta