29 de agosto de 2011

Despedidas y Maletas


Durante la última semana, sólo he tenido una frase en la cabeza: "No te dejes nada". Es horrible cuando te vas de viaje, porque siempre piensas en todo lo que te tienes que llevar de necesidad. Y si eres una persona como yo, que todo te parece necesario, pues muchísimo peor.

Mis padres decidieron llevarme a Toulouse. Es relativamente normal que decidan eso cuando vives a unas siete horas de tu destino en coche, así que, de paso, realizan una escapada al extranjero (la primera de su vida).Así que soy super feliz, mis padres me llevan en coche. Y al mismo tiempo soy un desgraciado: al llevarme mis padres, decido llevarme muchas más cosas... ¡demasiadas!

Siempre he sido de los que piensan que "más es siempre más", como Alaska siempre ha defendido. Y tengo razón, puesto que más siempre es más. ¿o acaso es más bonito el Románico que el Barroco? Pues eso. Entonces siempre pienso que todo va a ir mal si me dejo cierta cosa, que seguramente luego no necesite, pero el "por si acaso" ahí está.

Así que ahí dejo una foto de todo mi equipaje. Es algo fetén la idea de creer que todo eso no cabrá en mi Opel Zafira (coche monovolumen) pero finalmente, gracias a las maravillosas técnicas de una madre perfecta, ha cabido todo. Incluso tengo sitio para sentarme, no digo más.

Me deseo buena suerte (como buen egoísta) y espero poder entender aquello que me digan. Tengo miedo. Me lloran los ojos. Me da todo pena. Me he despedido de tanta gente a la que quiero... y me han hecho llorar. Ahora mismo estoy llorando. Mis abuelos, mi hermano, mis amigos... todos. Lo he pasado mal, pero al mismo tiempo sé que aquello también tendré que hacerlo cuando me despida de mi nueva vida en Toulouse.

Mesieurs et Madammes, mon année Erasmus a commencé!

Cuarto paso: el Piso


Encontrar piso ha sido una de las tareas más complicadas durante estos cinco meses anteriores.

Tras el éxito que la residencia asignada provocó en mi cabeza, decidí comenzar la búsqueda de un piso, un "appartement" en Toulouse. Primero, pregunté a los compañeros Erasmus en el foro que habíamos creado en Facebook. Esto del foro es algo que recomiendo, puesto que hay muchísimas webs Erasmus donde la gente busca su destino y se encuentra con más gente que va a compartir la misma experiencia. Yo, por ejemplo, entré en "Erasmusu.com", una web-foro que se encarga de unir a los diferentes Erasmus provenientes de todos los países europeos. Cuando ya éramos cuatro o cinco en ese foro decidimos crear un grupo en la red social para que todas las novedades que teníamos en cuanto a nivel personal, académico o de la ciudad común se nos comunicara a todos por igual. Y el Facebook tiene esa ventaja: puedes crear grupos y todo aquello que se opina, que se escribe o que se comenta nuevo te llega a tu perfil, como perteneciente del grupo, y te permite opinar. Poco a poco, íbamos añadiendo a más gente al grupo y a día de hoy ya somos más de 150 Erasmus españoles con destino Toulouse en el curso 2011/2012. Gracias al foro nos hemos podido comentar y ayudar entre todos, como una gran familia.

Pues en dicho foro del Facebook pregunté dónde podría investigar sobre los alquileres y, entre la cantidad de sitios que me recomendaron, todos me señalaron la eficacia de la web "appartager.com". Esta web te permite crear un anuncio, un perfil, donde comunicas aquello que buscas en cuanto a alquileres, tu situación, te deja colgar fotos, etc. Una vez realizada tu cuenta y tu anuncio, puedes utilizar su buscador y encontrar aquello que se adapta a tu situación, a tu perfil. Appartager contiene una gran variedad de ofertas de alquileres, se puede encontrar lo que se te adapte rápidamente. La única desventaja que tiene la web es que, si estás realmente interesado en contactar con algún dueño de algún apartamento o alguien que alquile una habitación, debes pagar a Appartager para hacerte lo que ellos denominan socio premium. Te hacen pagar o por 10 días, o por un mes, o por seis meses o por un año. Yo al principio pensé que podría solucionármelas sin necesidad de pagar, pero me vi totalmente atascado: no podía contactar con nadie, y si alguien contactaba conmigo no leía aquello que me querían decir. Y además era muy sospechoso que recibiera tantas pocas respuestas y yo había enviado mi anuncio a más de cincuenta caseros diferentes. Por eso, finalmente, decidí pagar. Estaba a mitades de julio y decidí pagar un mes. Como todo en Francia, me resultó super caro: 32 euros. Pero la cosa cambió, y mucho.

Lo mejor de ser socio premium es que puedes accedes a los números de teléfono de los caseros. Así que llamé a aquellos apartamentos que me habían agradado mucho (unos 10 aproximadamente). Hablar en francés no es cosa fácil, y más cuando tienes que hablar sobre cómo pagar, sobre las ventajas e inconvenientes, etc.

Pero lo peor, los precios. En Francia los alquileres van por las nubes. Me llegaron a pedir 800 euros mensuales por una habitación. Eso es otra de las diferencias de Francia a España. En España, en las webs de alquileres, el precio se pone en global, dando igual los inquilinos que quepan en el apartamento. Sin embargo en Francia no, se pone siempre el precio por persona a pagar por un alquiler mensual. Por eso al principio veía casas que pedían 500 euros al mes, pero que tenían 5 habitaciones, a lo que llegas a la conclusión de que sólo tendrás que pagar 100 euros al mes. Pero ahí está la señora Maligna Suerte, para golpearte con su mazo para hacerte caer de las nubes.

Finalmente, y después de mucho hablar y de mucho negociar y de poco encontrar, encontré un piso de 4 habitaciones que se acoplaba a mis expectativas económicas. Totalmente amueblado, muy luminoso, con todo incluido, además del Internet y el teléfono por "sólo" 400 euros al mes. Aunque mi querida casera se ofrecía a rellenarte la CAF, aquella maravillosa beca que el país Galo da a los estudiantes para ayudarles en los alquileres, y que suele dar al 75% de los estudiantes que la piden. Por lo tanto, aunque 400 euros sigue siendo un precio alto, puede que sea rebajado, si me la conceden, y sabiendo cómo están las cosas en Francia, no se puede pedir mucho más.

Además, estoy contento. Voy a vivir con dos estudiantes francesas (lo que se supone que podré hablar francés dentro de casa) y con un español, al que le ofrecí la posibilidad de vivir conmigo en el grupo de Facebook.

Va a ser un buen año. Ahora mismo vivo mi último día en España antes de partir hacia Toulouse. Tengo miedo a mansalva, pensando en todas las dificultades que se me presentan allí. Pero al mismo tiempo, pienso en que una vida sin riegos no es vida, y que no hay nada mejor que superar un reto tan importante como el año Erasmus.

Con los nervios a flor de piel, con todo el equipaje preparado y habiéndolo repasado varias veces me voy a dormir. Hoy toca despedirse y mirar hacia delante.

Hoy me siento como en el anuncio de Aquarama. Mañana, por fin, la aventura me llama.

27 de agosto de 2011

Tercer paso: La Residencia

Cuando el contrato de estudios había llegado a su forma física perfecta, me decidí a empezar la búsqueda maldita: un techo donde poder dormir durante mi corta estancia de nueve meses. De nuevo, aconsejo que un futuro estudiante Erasmus no se paralice ni se deprima, puesto que es, sin ninguna duda, lo más complicado de solucionar, además de ser la cuestión que te va a diagnosticar la calvicie a la edad de treinta años, del stress que vas a pasar en el trayecto de dicha búsqueda.

Buscar alojamiento es, por decirlo de alguna forma, el "Eureka" de Arquímedes. Me explico: cuando comiences a buscar alojamiento te darás cuenta de la mayor verdad del universo: la beca Erasmus no da ni para pagar el toilette en Francia.

Pero la historia de la búsqueda es bastante más larga y compleja. Al principio, buscas por aquello esencial y básico: una residencia. Si tienes la misma suerte que yo, tu coordinadora (o coordinador) te dirá, en un momento de inspiración divina, que preguntes en tu universidad, puesto que te deben ayudar en esa búsqueda. Así que así lo hice: me inspiré de valor y le envié un correo (en francés chapurreado, obviamente) al servicio de Organizaciones Internacionales de la universidad de destino, con el fin de pedir su ayuda, su limosna, en plan mendigo.

Y si tienes, de nuevo, la misma suerte que yo, la universidad de destino te contestará al día siguiente, diciéndote que intentará buscarte una plaza en una Residencia especial del servicio Crous. ¿Qué es el servicio Crous en Francia? Pues resulta que el país Galo tiene una serie de residencias públicas para estudiantes que entran dentro de esta organización, a muy bajo coste mensual.

Si volvéis a tener la misma suerte que yo, al día siguiente os llegará un mail de la universidad de destino confirmándoos una plaza en una residencia, por un coste mensual de 120 euros. Una noticia así es parecida al momento en el que Ash Ketchup decide no evolucionar a Pikachu en Raichu en la serie Pokémon: la emoción y las lágrimas de tener por fin la vida solucionada desbordan tus ojos. Ya está: tienes un techo en tu ciudad de destino, durante los nueve meses de estancia, y por un coste muy óptimo. Eres feliz. Ya puedes ir a celebrarlo.

Pero claro, de la ilusión que llevas encima, de la emoción que se desborda por las orejas, empiezas a pensar en cómo decorarás esa habitación en la residencia (sí, fue lo primero que pensé) y para ello necesitas saber cómo es esa habitación. Así que te pones en el maravilloso mundo de Internet, escribes en el mágico buscador del Google el nombre de la residencia asignada junto a la palabra "Toulouse" y aprietas el botón "intro". Ves el primer enlace que Google te muestra: es él. Llevas la flechita de tu ratón hasta allí y aprietas el botón izquierdo. Todo este mágico momento pensando en cómo te quedará un póster de la película Kill Bill (Quentin Tarantino, 2003) encima de la cama o cómo un helecho dará un toque verde a tu habitación, o cómo tu flexo rojo de los ochenta alumbrará tu escritorio, o cómo te quedará una figura de una sevillana encima de la tele de tu cuarto. Estás tan ilusionado formando ya una habitación de ensueño, que no te has dado cuenta de una cosa: has entrado en la web (una web bastante sombría) y has dado con el botón izquierdo en la sección "Photos". Tu vida se acaba de ir al garete, de nuevo.

Todos tus sueños de decorador se acaban de esfumar. Toda tu ilusión y la emoción de tener un techo se han quedado más sombríos que la página web de la residencia. Tu habitación es lo más parecido a una cárcel que has visto nunca. Cuatro paredes que envuelven nueve metros cuadrados, donde incluyen una ventana enana, un escritorio enano, una cama enana con barrotes en el cabezal (a lo "Cuéntame cómo Pasó") y un pequeño lavabo. Sí, lavabo, porque también te enteras en ese mismo momento de que la residencia tiene los toilettes compartidos por piso. Algo que te llena de nuevo de gozo y satisfacción, como al Rey, pero irónicamente hablando. No es lo que más habías deseado en la vida: baños compartidos. Eso significa, por si no os habíais dado cuenta, de que entrarás a unos vestuarios a hacer tus necesidades all days, all nights. Pero eso no es lo único: también te enteras de que en toda la residencia no hay una mísera cocina ni cantina. Sólo tienes una sala de máquinas expendedoras. Por lo tanto, te das cuenta de que tu dieta allí constará de Kit Kats o de comer en bares all days, all nights. Y tampoco es la idea que tienes en mente. No se corresponde en nada, en absoluto.

Empiezas a sentirte como Belatrix (Uma Thurman en Kill Bill), traicionada por el mundo. Tienes ganas de sacarte la katana e ir a asesinar a la chica responsable en la universidad de destino de concederte dicha residencia. Pero te calmas, te resignas y decides buscar críticas sobre dicha residencia. A lo mejor vivir allí no es tan duro.

Y buscas en foros y te encuentras con comentarios como "Tengo miedo al dormir aquí, los cimientos se mueven", y te haces "popó" en los pantalones. Decides buscar en el Youtube, por si alguien ha colgado algún video de alguna fiesta de esa residencia o algo, para animarte. Pero no, sólo encuentras este vídeo:

http://www.youtube.com/watch?v=6IgwZ_0dnJQ

Esa mujer te ha presentado su habitación, que es igualita a lo que te espera. Te mueres del asco y encima te enteras de que vives a una hora, hora y media del centro caminando. Rodeado de la nada, literalmente. Y, además, escuchas la frase de "recomiendan no dejar nada en las estanterías, puesto que se pueden caer con facilidad. Y en ese cuarto hay dos estanterías: encima del escritorio y encima de tu cabeza. ¡¡No quieres morir en el Erasmus, quieres volver para contar la experiencia a tus familiares y amigos!!

Así que, te vuelves a resignar y decides buscar un piso. También has parado en buscar en otras residencias, puesto que Toulouse, por ejemplo, tiene una barbaridad de residencias para estudiantes. Pero en la mayoría no hay sitio, puesto que ya todo ha sido reservado, o son de carácter privado (costando unos 500 euros mensuales) o son exactamente iguales que la residencia que te habían asignado.

Así que decides empezar a buscar un piso por Internet. Si tu hermano o amigos tuyos lo han conseguido, tú también puedes, piensas. Claro que, no has pensado en dos inconvenientes de nada: debes buscarlo en francés, comunicándote en francés (un handicap importante) y no puedes ir a visitar el piso, puesto que Toulouse no te pilla a la vuelta de la esquina, precisamente.

25 de agosto de 2011

Segundo paso: El contrato de Estudios.

Han pasado ya seis meses desde que te dijeron que tienes una beca Erasmus concedida... y todavía no te lo crees. Ni te crees que en menos de siete días vas a estar ya viviendo en tu ciudad de destino, y que tu "vuelta al cole" de ese año va a ser bastante diferente a lo habitual.

Han sido seis meses bastante largos y cortos a la vez.

Largos, puesto que has tenido que hacer muchísimas tareas, muchísimos papeles y muchísimos arreglos. Has pasado por diferentes estados de ánimo ante todos los preparativos. Has pensado mil y una veces "¡ojala alguien me hubiera avisado de que esto era tan duro!" y el "¡si lo llego a saber no me voy!". Pero sin embargo, has seguido hacia delante. Te has derrumbado mil y una veces, pensado en que todos los males de este mundo, toda la maldad que puede haber en la faz de la tierra ha decaído sobre ti. Porque hay que reconocerlo: irse de Erasmus conlleva un trabajo muy duro, muchísima dedicación previa y muchísimas jaquecas.

Una vez te asignan la plaza, te asignan también un/a coordinador/a, es decir, un profesor de tu universidad que se va a dedicar de "llevarte por el buen camino", y lo pongo entre comillas porque eso es una falacia, como lo que más. El coordinador es, para ser exactos, esa persona a la que le dan un plus por interesarse cinco minutos a la semana por un alumno que, seguramente, ni conozca. Eso sí, acaba siendo como tu propia madre o, al menos, en mi caso. Me tocó la típica coordinadora joven e inexperta que no tenía ni idea de Erasmus, y era ella la destinada en hacer esas tres palabras que van a retumbar en tu cabeza durante meses: contrato de estudios. Esas tres palabras, malditas y creadas por Belcebú, son lo más horrible de todo el camino Erasmus. ¿Qué es el contrato de estudios? Pues simple y llanamente, es tu vida. Tu real y santa vida. Gracias a esos papeles vas a poder decir: "sí, estuve de Erasmus" oficialmente.

Un contrato de estudios es la equivalencia entre tus asignaturas estipuladas por tu curso realizado durante el año Erasmus de la universidad en la que estudias habitualmente, la universidad española, convalidadas por las asignaturas de tu universidad de destino, la francesa. Parece fácil en la teoría, pero evidentemente, no lo es en la práctica, porque las asignaturas cambian barbaridades allá donde vayas.

Entonces, tienes que empezar a contrastar unas con otras, a pensar en qué se van a basar cada una de ellas (evidentemente no tienes ni pajolera idea de cómo serán allí ni aquí, y mucho menos si eres del nuevo plan Bolonia y tu año siguiente nunca se ha realizado en la historia de la Humanidad) e intentar buscarles una pareja en la otra universidad. ¿Tarea fácil? No amigos. De hecho, te la tienes que resolver tu solito, sin casi ninguna ayuda de tu maravillosa tutora (o tutor) de Erasmus. Ella (o él) sólo te dirá si está bien o mal y le dará su beneplácito si le da la gana. Es una tarea que te puede llevar entre una semana y un mes, aproximadamente.

Pero una vez lo has hablado con tu tutora (o tutor) y le ha dado el visto bueno, debe enviarlo a la universidad de destino para que le den su beneplácito y realicen los cambios que les parezcan oportunos. Una vez todos esos trámites se suceden con éxito, tienes un par de papeles donde hay unas gráficas en las que aparecen las equivalencias. Y eso va a ser tu vida el año siguiente en la universidad de destino.

Sin embargo, eso no es todo. Una vez llegues allí, tiene que congeniar todo, tienes que volver a cambiar cosas por si, por ejemplo, te se solapan clases o si de repente se deciden no realizar de dicha asignatura. Es un horror indiscutible e incalculable. Vuelves a pensar aquello de "si me hubieran avisado, ¡otro gallo cantaría!".

¡¡Con lo fácil que resultaría realizar tu curso en otra universidad!! ¡¡Sin complicaciones!! Que te dieran todos los créditos válidos, exigiéndote un mínimo de asistencia y de superación de créditos en el contrato de estudiante Erasmus (algo totalmente necesario, porque si no cada uno se iría de parranda y nunca haría nada) y "finiquitaun!". Me sofoca y me indigna mucho este tema: Soy estudiante. Exígeme que estudie en la universidad de destino, ¡¡pero como se haría allí!! ¡Tal cual! Yo me comprometo a superar los créditos y tu te comprometes a darme por válido el año, dependiendo las asignaturas que haga. ¡Que sea indiferente si se parecen en el blanco de los ojos o no! Este tema me ofusca demasiado, pido perdón.

En definitiva, que el camino hacia el Erasmus no es sencillo. Los papeleos en la universidad amargan tu existencia en varias ocasiones. Y todavía queda lo mejor: saber cómo va a ser tu vida allí, físicamente hablando. Es decir, si tendrás o no un techo en el que poder cobijarte o si, por el contrario, vivirás a cuerpo de rey, con una caja de vagabundo enterita para ti.

21 de agosto de 2011

El inicio: la prueba de nivel.


Un día te levantas, te arreglas y te diriges a pasar otro rutinario y divertido día de clases en la universidad cuando, de repente, observas como todos tus compañeros están hablando de algo que siempre te había llamado la atención, pero que nunca te habías parado a pensar seriamente. Un tema del que empiezas a interesarte al instante, y del que hablas y hablas durante toda la jornada con tus inseparables compañeros de carrera. El tema en cuestión, el realizar un añito de tu vida, o parte de él, en otro lugar de Europa. Estudiar fuera de casa, vivir en otro lugar y, encima, "cobrando" (y recalco las comas porque lo de cobrar será un tema largo de explicar). Algo más conocido entre la sociedad como "el año Erasmus".

Pues bien, acaba la jornada de clases universitarias y decides informarte de cómo puedes llegar a conseguir esa "beca" (por llamarlo de alguna forma) y, después de largos instantes de investigación (todo lo largo que puede ser preguntarle dudas a la primera compañera que ves conectada en el Tuenti), te enteras de que la semana próxima son las prueba de nivel de idiomas. Te pones a recapacitar una milésima de segundo, pensando en si debes presentarte o no, pero enseguida esas dudas desaparecen de tu mente cuando a tu cabeza llega la frase de "¿tengo algo mejor que hacer?". Así que te dispones a prepararte ese examen. Primeramente, o al menos en mi caso, decides pasar del inglés, por dos razones: porque tus posibilidades de aprobar son infrahumanas, ya que de inglés no tienes ni pajolera idea, y porque sabes que hasta Dios va a intentar superar esa prueba. Así que pasas del inglés, como ya llevas haciendo

desde primero de primaria y decides presentarte a la prueba de francés. Te buscas libros, miras aquello que llevas haciendo en la Escuela Oficial de Idiomas durante varios años, buscas vocabulario, gramática, frases hechas... y entre buscar y buscar, te das cuenta de que empezaste a buscar hace ya una semana, que no has empezado a estudiar y que el examen es al día siguiente. El mundo se te cae encima, pero lo dejas pasar, puesto que ya das por hecho de que no te van a aprobar, entre otras cosas, porque te enteras (preguntándole a la misma amiga vía xat del Tuenti, esa típica amiga que siempre lo sabe todo) que exigen un nivel intermedio alto. Pero bueno, te ríes lo que hace falta y vas al examen, simple y llanamente por probar, por saber cómo será esa prueba y para hacerla mejor al año siguiente. Te da igual suspender, puesto que tu autoestima está a nivel subterráneo. Así que te miras unas diez paginitas de tu libro de la EOI media hora antes, entras en el examen y te sientas en una mesa, rodeado de gente conocida y desconocida que ha tenido la misma y genial gran idea que tú. Una mujer te explica la prueba, que consta de no sé yo cuantos ejercicios y, evidentemente, te la explica en un francés oral que te cuesta entender, no mucho, pero te cuesta.

Realizas el examen, lo haces en aproximadamente 45 minutos. Unos 45 minutos que han sido muy divertidos, francamente, ya que te has dedicado a pensar lo horrible que es tu nivel del idioma, la cantidad de palabras que aparecen en esas tres hojas de examen de las que no conocías su existencia, la cantidad de espacio en blanco que estás dejando... y, mientras te ríes pensando en el ridículo que vas a sentir al entregar esa prueba, miras la cara de esa gente conocida y desconocida que ha tenido la misma genial y gran idea que tú, y observas como también se están riendo, y sabes que están pensando exactamente lo mismo que tú. La gran mayoría, al menos.


Así que te levantas, vas a esa mujer a la que te había costado entender y le entregas tus tres hojas, que están casi igual que cuando te las han repartido, o incluso más blancas, debido a la cantidad de tipex que has depositado en ellas. Esa mujer te mira, coge el examen y te contesta con un "au revoir" grave y sentencioso, puesto que sabes que es el único adiós que vas a recibir en francés en mucho tiempo, ya que después de ese examen tan patético, nunca podrás conseguir un destino Erasmus a Francia, para que te lo digan cada dos por tres.

Pero la suerte, como siempre o como casi nunca, te sonríe. Salen las notas de los exámenes a las dos semanas y ves que has sacado casi un notable. Dices, vale, ese DNI no es el mío, y lo miras una y otra y otra y otra y otra vez hasta que te das por aludido. Piensas que se han equivocado con tu nota, y vas a preguntar al rectorado al día siguiente. Te comunican de que no, de que es tu nota real. Piensas que la señora sentenciosa está ciega y que ha corregido a boleo.

Sin embargo, te alegras. Puesto que te dan la opción de escoger un destino a Francia. Crees que es imposible, pero a la vez piensas ¿y por qué no?. Además sabes que escoger destinos no significa que te vayas a ir de Erasmus, puesto que si no hay plazas, no te van a enviar.

Así que te pones a mirar los destinos que tu carrera tiene estipulados en el país gabacho. Tus ojos se van directos a buscar esa palabra tan mágica titulada París. Pero nada, que no aparece entre los posibles destinos. Sigues mirando y ves una que te gusta, una palabra que llega a ser musical, repitiendo sus vocales: Toulouse. Así que la pones de primera opción, simple y llanamente porque te ha gustado cómo sonaba.

Pero cuando decides el destino Erasmus, no decides uno, te obligan a decidir más, hasta diez opciones. Así que empiezas a llenar: Nancy, York, Atenas... mientras piensas: ni de fly me voy a Atenas si me conceden ese destino. Cuando tienes las diez opciones rellenadas, le das al botón de "Aceptar". Y piensas: vale, seguro que de mi carrera quieren ir más personas a Toulouse y sólo hay dos plazas, y seguro que hay gente que tiene más nota que tú en el examen, ya que si a ti te han puesto casi un notable, habrán dieces a tutiplén. Con lo que empiezas a volverte paranoico: te van a enviar a Atenas. Sólo suena esa frase en tu cabeza una y otra y otra vez. Me encantaría ir a Atenas, de verdad, porque adoraría vivir en la cuna del arte, la ciencia, donde se albergaban los dioses y los mitos más sorprendentes. Pero no pinto nada en una ciudad donde se habla griego e inglés... y donde el francés se escribe sólo en los periódicos, en las páginas de contactos, junto a las palabras "y griego".


Pero de nuevo, la diosa de la suerte te sonríe. Te envían un mail y te comunican de que has sido seleccionado para tu primera opción. Creía que desde cuando enviaron el sms comunicándome lo mismo después de selectividad, nunca volvería a recibir algo igual. Algo que, como al señor Juan Carlos de Borbón y Borbón, me llenara tanto de orgullo y satisfacción.

Así que, con lágrimas en los ojos, mezcla de la sorpresa y del anonadamiento que llevas encima tuyo, sales de tu cuarto, vas a ver a tu madre y a tu padre, que están viendo L'Alqueria Blanca repetida por Canal 9 y les comunicas que te han dado el Erasmus. Su cara de anonadamiento es superior a la tuya, puesto que saben lo que les viene encima y porque saben que tu vida ya ha cambiado. Ya es oficial: te marchas un año a otro país.